Es una seña de identidad del Cantábrico, un rasgo propio y diferencial del tramo comprendido entre Asturias y la costa vasco-francesa. Tan solo aquí y en un puñado más de puntos del planeta -algunas zonas del litoral californiano, del sur de Australia o de África- se desencadena este espectacular fenómeno atmosférico, un auténtico reto predictivo para los meteorólogos. Se trata de las galernas, esas tempestades repentinas que se presentan en verano casi sin avisar para acabar arruinando un apacible y bonito día de playa. Cada año se contabilizan en Euskadi entre dos y tres episodios de este tipo, aunque 2014 rompió la media anual con cuatro. Hoy en día transcurren sin mayores consecuencias que una estampida de bañistas pero, históricamente, han sido sinónimo de tragedia, muerte y destrucción entre los hombres de la mar.
En síntesis, una galerna es un temporal repentino y violento que se desata en jornadas normalmente bochornosas y de ambiente apacible. De repente, sin señales de aviso aparentes, se produce un súbito y brusco giro del viento -de oeste a noroeste-, con fuertes rachas que pueden llegar a superar los 80, e incluso, 100 kilómetros por hora. El cielo se oscurece por la llegada de brumas y nubes bajas, las temperaturas se desploman a velocidades de vértigo -hasta más de 15 grados en solo 20 minutos-, aumenta la humedad relativa hasta el 100%, también se dispara la presión atmosférica y pueden aparecen chubascos.Estamos en plena temporada de galernas, un fenómeno que puede desencadenarse en cualquier momento entre finales de mayo y los últimos días de septiembre. Aunque aún no se conoce con exactitud cuál es el mecanismo exacto que las provoca, sí se sabe que su origen está íntimanente ligado a la particular orografía de la costa cantábrica, cruzada por una cordillera paralela al litoral que juega un papel determinante entre los vientos que proceden del mar y los que llegan desde la reseca meseta castellana. La interacción de ambos flujos en relación con el macizo montañoso se traduce en significativos cambios de temperatura, humedad y presión atmosférica. De hecho, se engloban entre los fenómenos conocidos como 'perturbaciones atrapadas en la costa'.
La situación marítima, hasta entonces de calma chica, empeora de forma considerable, poniendo en serio riesgo la estabilidad de las pequeñas embarcaciones. «La peligrosidad de las galernas no es tanto por la fuerza del viento como por la brusquedad del cambio, que sucede cuando el ambiente está en calma y la gente que está en la playa o en el mar piensa que no puede pasar nada», apunta la meteoróloga de Euskalmet Onintze Salazar. Pero el riesgo no solo se circunscribe a la costa. Los efectos de estos temporales también se dejan notar en los primeros 20 ó 30 kilómetros tierra adentro. Son muchos los pilotos que han tenido que poner a prueba su pericia a la hora de tomar tierra en el aeropuerto de Loiu en pleno vendaval durante una galerna.
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